Carta a Don Bosco - 31 de enero de 2017

Carta a Don Bosco - 31 de enero de 2017

Buenos días.

 

Somos vuestros compañeros de segundo de bachillerato. Y este día de San Juan Bosco, como alumnos que ocupan los pupitres, el patio, y esta mañana, el pabellón, es el último que compartimos con todos vosotros.

 

Hoy somos nosotros a quienes corresponde dar las gracias y por eso entendemos las emociones que en este mismo instante tenían los compañeros del año pasado, del anterior, del otro…

 

Y esto es lo que resulta de verdad importante: Esta mañana recogemos el testigo que vosotros continuaréis. Porque somos muchos, y muy grandes, empezando por Educación Infantil. ¿Estáis ahí? Educación Primaria, ¡claro!, ESO, TAFAD, FP…  

 

No tardando mucho vendréis aquí, papel y corazón en mano, para agradecer este día, al colegio, a los profesores, a secretaría y a portería… Nos sentimos tan felices como tristes por esta etapa que termina, pero en verdad completos. Porque vamos a salir, eso sí, con la llave maestra en nuestros bolsillos para regresar cuando queramos a esta casa salesiana que desde muy pequeños ha sido nuestra casa.

 

Y vendremos como antiguos alumnos, aunque haya pasado el recreo de un año, de dos, de tres, a daros un beso y contaros que en el grado no hay profesores que nos llamen por nuestro nombre ni nos pregunten por qué estamos tan contentos esta mañana.

 

Y como alumnos salesianos este mismo año ingresamos en la universidad para graduarnos en ADE, en arquitectura, en educación infantil y primaria, en ingeniería y derecho.

 

Y puede ser que mañana, en nuestra búsqueda laboral, nos encontremos con aquel directivo de la Fiat de Turín, ese que contrataba exalumnos salesianos no solo por su valía, sino porque demostraban siempre un talante especial para estar en el mundo. Y eso esperamos demostrar nosotros en ese futuro en el que con suerte seremos ingenieros, abogados, arquitectos, profesores o quién sabe qué sorpresa nos deparará el mañana.

 

De momento, lo seguro es que algún día haremos pellas en la universidad, como hemos visto este año que hacían nuestros antecesores. Porque en horas de clase llegaban al colegio y tocaban a la puerta del aula para ver a nuestro profesor, y esperaban en el despacho de madera para que José Luis les acogiera.

 

Como no puede ser de otro modo, nos despedimos hoy dando las gracias a todas las personas que en este lugar, que hoy nos parece más entrañable que nunca, han contribuido a que seamos lo que somos y lo que seremos: El eslabón de una cadena que vosotros continuaréis.

 

Gracias, Don Bosco.